Con tan solo tocar su manto…

30 de junio de 2023

Curación de una hemorroísa (Mc. 5,21-34):

«Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a él mucha gente; él estaba a la orilla del mar.

Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, y le suplica con insistencia diciendo: “Mi hija está a punto de morir; ven, pon tus manos sobre ella, para que se salve y viva”. Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía.

Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, había empeorado, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás de la gente y tocó su manto. Pues decía: “Si logro tocar aunque solo sea sus vestidos, me salvaré”. Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal.

Al instante Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de él, se volvió entre la gente y decía: “¿Quién me ha tocado los vestidos?”. Sus discípulos le contestaron: “Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?'”. Pero él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante él y le contó toda la verdad. Él le dijo: “Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad”».

Detente un momento a contemplar esta pintura:

Pintor Daniel Cariola | 2017. Foto tomada en Magdala por Jannie Guzmán, 6/12/2023

Siempre me ha llamado la atención la curación de la hemorroísa. Me sorprendió mucho ver esta pintura representando este milagro en mi reciente visita a Magdala en Tierra Santa.

Quizás has escuchado muchas reflexiones respecto a esta curación. Pido luz al Espíritu Santo para que, a través de la sencillez de estas palabras, puedas experimentar algo nuevo.

No es necesario decir mucho si contemplas esta pintura con corazón abierto.

Reflexionemos un poco sobre esta mujer. San Marcos menciona tres detalles en su evangelio:

  1. Padecía un flujo de sangre desde hacía doce años
  2. Había sufrido mucho con muchos médicos
  3. Había gastado todos sus bienes sin provecho alguno

Podemos decir que la hemorroísa era una mujer pudiente o rica. En mi libro “Yo iré delante de ti”, Deja a Dios escribir el guion de tu vida, enfatizo que todo lo que nos sucede tiene un propósito dentro del plan de Dios. Veamos esta curación desde esa perspectiva.

Se necesita mucha humildad para hacer lo que esta mujer hizo. Su enfermedad la ponía en estado de impureza legal (Lv 5,25). Pero, para lograr este nivel de humildad, tuvo que recorrer primero un camino espiritual. Aunque el evangelio no menciona detalles sobre su vida pasada, podemos suponer algunas cosas que nos llevarán a reflexionar más sobre la transformación interior de esta gran mujer.

La hemorroísa lo tenía todo: bienes, riquezas y un buen estatus socioeconómico. Sin embargo, una enfermedad incurable estremeció su vida. Ella decide gastarlo todo con tal de ser sanada y evitar la vergüenza de ser considerada impura públicamente. Imagínate estar ante semejante situación. Tantas cosas ocurriendo en su interior: el miedo al rechazo, a la exclusión, a ser estigmatizada, etc. Quizás su esperanza estaba en que sus esfuerzos humanos y su dinero la ayudarían a resolver un problema que no solo la afectaba físicamente sino también espiritualmente.

Pero Dios tenía un propósito. Era necesario que su alma fuera despojada de muchos apegos. Él deseaba hacer algo especial en ella a través de una liberación espiritual y total; una liberación que la llevaría a enamorarse de Él. La hemorroísa pasó por un tiempo de purificación de doce años. Esos años fueron cruciales para que se diera cuenta que su seguridad no eran sus bienes, sino el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. Era necesario que mirara hacia sus adentros para despojarse de su falsa humildad, soberbia y poder reconocer su necesidad de Dios. Las desilusiones en la vida, el intentar una y otra vez buscando soluciones donde no las hay, nos ayudan a humillarnos frente a Dios para reconocer que Él es el remedio de todas nuestras enfermedades físicas y espirituales.

¡Qué humildad, qué amor tan grande alcanzó esta mujer al reconocer que, aunque todas las posibilidades humanas hayan sido descartadas, había una que no fallaría si tenía fe!

¡Esa es la clave! Para poder redescubrir nuestra fe verdadera es necesario ser humildes reconociendo a Dios como el único Señor de nuestras vidas.

Imagina por un momento esa escena al escuchar que el hombre del cual había escuchado hablar tanto, estaba por pasar por su pueblo.

Agarró su manto y salió deprisa sin ser vista aprovechando el momento en que la gente estaba distraída y conmocionada ante la llegada de Jesús. Los látidos de su corazón se aceleran al esperar por un rincón el gran gentío… ¡Qué fe! Despojada del orgullo, de la soberbia, del miedo al qué dirán, enamorada de Aquel que la liberó interiormente; tal y como Dios la quería ver.

Jesús va llegando… Se escucha la algarabía de la gente y su corazón late fuertemente sabiendo que la curación a su mal está a tan solo unos pasos: «Si logro tocar, aunque solo sea sus vestidos, me salvaré».

Y sucedió… Tanto así, que una fuerza salió de Jesús. Esto es lo que sucede cuando nos acercamos a Jesús con una fe verdadera, un amor sin igual y un corazón desprendido. La pregunta es:

¿Está tu corazón tan desprendido como el de la hemorroísa?

Si deseas conocer más sobre el pintor de esta obra y su proceso al realizarla, te invito a hacer click en el siguiente enlace para ver la entrevista. Esta pintura se encuentra actualmente en la Capilla del Encuentro de la Iglesia de Duc In Altum en Magdala:

Entrevista con el artista Daniel Cariola

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